BRAHMS · UN RÉQUIEM ALEMÁN

Violín I: Inés Montero
Violín II: Irene Fernández
Viola: Amaia Martínez
Violonchelo: Beatriz González Calderón
Contrabajo: Luis Miguel Carrasco
Flauta: Toni Molina
Oboe: Jacobo Díaz
Clarinete: Reyes Ortiz
Fagot: Luis Castillo
Trompa: Irene de la Orden
Percusión: Carlos Cansino

Coro de la Sociedad Musical de Sevilla
Director asistente: Juan Manuel Barahona Rosales

Julián Millán · barítono
Andrea Ramírez Ortegón · soprano

Bart Vandewege director

Conciertos

Sábado 21 de marzo de 2026 · 18.30 horas
Iglesia Portaceli
Av. Eduardo Dato 20B

Domingo 22 de marzo de 2026 · 18.00 horas
Convento de Santa Isabel
Plaza de Santa Isabel 4 (Junto a San Marcos)

Programa

JOHANNES BRAHMS (1833-1897)
Ein Deutsches Requiem · Un réquiem Alemán, Op. 45


NOTAS AL PROGRAMA

El título Ein deutsches Requiem encierra en realidad un significado muy distinto del que cabría esperar al leer la palabra réquiem. No se trata de música fúnebre en el sentido tradicional, ni de una misa de exequias, ni de un oratorio en sentido estricto. El objetivo de la obra no es el de una plegaria por el descanso eterno de los difuntos, sino, principalmente, el de dar consuelo a quienes soportan el dolor de la pérdida: es música para los vivos. Para los que se quedan.

Así, con este propósito de aliviar el sufrimiento de los que tienen que continuar con la ausencia de las personas amadas, Johannes Brahms elige determinados pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento —en la traducción alemana de Lutero— así como de algunos textos apócrifos, revelando un profundo conocimiento de los mismos que quedan enmarcados en una notable libertad espiritual.

Es más que probable que el deseo que albergaba Brahms de escribir una obra de estas características, y con esta temática, naciese ante la trágica muerte de su gran amigo Robert Schumann, en 1856, avivándose posteriormente con el fallecimiento de su madre, en 1865. En este sentido, puede decirse que Brahms compone desde la propia vivencia. En búsqueda de su propio consuelo.

La primera vez que Brahms utiliza el título Ein deutsches Requiem es precisamente en 1865, en una carta dirigida a Clara Schumann a la que acompaña el movimiento IV, y en la que, además de pedir su sincera opinión acerca del mismo, describe la obra como una especie de réquiem alemán. aludiendo con ello al idioma de los textos que le sirven de soporte, y no necesariamente a su nacionalidad o al público al que iba dirigido. Pero, a pesar de ello, la esencia misma de la obra queda perfectamente definida por el propio Brahms cuando comenta a Reinthaler, director musical de la catedral de Bremen, que en realidad hubiera preferido llamar a la obra «Réquiem humano».
Respecto de la propia estructura de esta peculiar y magistral obra, lo cierto es que no fue inicialmente concebida tal y como la conocemos hoy en día, con sus siete movimientos diferenciados bajo la rúbrica Ein deutsches Requiem —a veces, incluso, anunciada bajo el deseado título Réquiem humano— sino que ya antes de su estreno varios de sus fragmentos fueron interpretados por separado en distintas ocasiones.

Los movimientos I y II parecen haber sido compuestos con anterioridad a 1865. De hecho, para el segundo reutilizó algunos fragmentos compuestos en 1854, año marcado por la crisis psíquica y el intento de suicidio de Schumann, así como por el traslado de Brahms a Düsseldorf para ayudar a Clara Schumann y a sus siete hijos. El movimiento III nació durante una larga estancia en Karlsruhe, en casa de su amigo, el fotógrafo Julius Allgeyer, mientras que los movimientos VI y VII fueron compuestos en el verano de 1866 en Lichtental (cerca de Baden-Baden) y/o en Winterthur, para terminar añadiendo el actual movimiento V, en mayo de 1868. Es, precisamente, este postrero movimiento el que condensa el profundo mensaje que Brahms pretende con su obra, poniendo en voz de la soprano una suerte de nana en que nos anuncia con esperanza Ich Will euch trösten wie einen seine Mutter tröstet «os consolaré como una Madre consuela a su hijo» ante una realidad que no podemos eludir.

Ein deutsches Requiem se interpreta con frecuencia buscando una fuerza sonora excesiva y un volumen desmesurado, con tempi dilatados destinados a añadir una capa suplementaria de dramatismo, como si la obra hubiera nacido como una secuela de cualquier ópera o de, incluso, la Novena Sinfonía de Beethoven, lo que, habida cuenta la esencia, el carácter y el objetivo de la composición de Brahms posiblemente le hubiera desagradado.
Para esta ocasión he optado por una lectura más íntima de Ein deutsches Requiem que entiendo más acorde con el deseo de Brahms acercarnos al estado de ánimo sombrío en el que se encontraba cuando compuso esta obra maestra, para después revelarnos y compartir con nosotros dónde encontraba él su propio consuelo.

Con ese objetivo, me he permitido introducir pequeños ajustes en las partes vocales e instrumentales originales de la obra, ya que la composición de Johannes Brahms suele interpretarse con gran orquesta o bien en su versión con acompañamiento de piano. Sin embargo, lo que escucharán esta noche es una propuesta diferente: una interpretación concebida para solistas, coro y orquesta de cámara en una versión nueva para muchos de ustedes, que espero logre acercarlos más profundamente al réquiem humano que el autor concibió.

Espero de todo corazón que esta música, cumpliendo el deseo de su autor, logre ofrecer consuelo y algo de belleza en un mundo que cada día gime más bajo el peso de la violencia en cualquiera de sus múltiples formas, el afán de guerra, los comentarios hirientes en las redes sociales y la prepotencia política.

Sigamos creyendo y esforzándonos por conseguir un «Mundo humano».

Bart Vandewege, marzo de 2026.