VIA CRUCIS LISZT / BACH · BUSONI
Para coro, soli, narrador y piano solo
Versión de Bart Vandewege (2024)
Coro de la Sociedad Musical de Sevilla
Chano Robles, piano
Bart Vandewege director
Conciertos
Sábado 23 de noviembre de 2024 · 20.30 horas
Parroquia de San Carlos Borromeo
C/ Pedro Salinas 1
Domingo 24 de noviembre de 2024 · 18.00 horas
Iglesia de San Alberto · PP. Filipenses
C/ Estrella 2
Programa
FRANZ LISZT (1811-1886)
Via Crucis / Hymne des Marins / Ave Verum Corpus
JOHANN SEBASTIAN BACH (1685-1750)
Corales de la Pasión según San Mateo BWV 244
Preludio Coral «Ich ruf’ zu dir, Herr» BWV 639 (Arr. piano de Ferruccio Busoni)
NOTAS AL PROGRAMA
Franz Liszt. Via Crucis. O Traurigkeit.
Es probable que jamás hayan tenido la oportunidad de escuchar en vivo esta obra genial de Franz Liszt.
Resulta curioso que las composiciones religiosas de tan aclamado autor, ferviente católico, padre de tres hijos naturales con una mujer divorciada, que en los últimos años de su vida llegó a recibir la Orden Tercera de los Franciscanos, resulten prácticamente desconocidas. Y es que suele asociarse a Liszt con piezas de piano de extrema dificultad propias de épocas más tempranas, llenas de escalas, arpegios y adornos casi imposibles de ejecutar. De hecho, tenía las manos muy grandes, lo que le permitía tocar décimas paralelas sin dificultad.
Sin embargo, lo cierto es que, al final de su vida, Liszt, considerado como uno de los pianistas más destacados del mundo, comenzó un camino introspectivo en el que sintió la necesidad de despojarse de toda virtuosidad y ornamentación en sus composiciones, hasta el momento, como decíamos, extraordinariamente complejas y plagadas de elementos y recursos estilísticos. El objetivo resultaba ser volver a lo fundamental, a lo esencial, a lo básico, como si usara una goma de borrar para eliminar cada nota innecesaria y presentar la realidad desnuda de lo verdaderamente nuclear de su profunda fe. Ello, sin embargo, no restó un ápice de innovación y vanguardismo a su obra, aventurándose a realizar experimentos armónicos de gran audacia que incluso llevaron su yerno, Richard Wagner, a advertirle de los riesgos que corría con tal tendencia, rogándole que no continuase en esa deriva de simplificación aparente de su estilo. Johannes Brahms, también consideraba estos experimentos como una decadencia dolorosa y temía que llevaran a la música hacia su destrucción. ¿Dónde estaba el gran pianista virtuoso, una especie de estrella pop avant la lettre de la Europa del siglo XIX, perseguido por damas de la aristocracia?
Fruto de esta tendencia de los últimos años de Liszt, y separada del estilo virtuosístico de sus obras más conocidas, surge la que, para algunos, resulta ser sin duda su obra maestra; El Via Crucis.
Compuesta entre otoño de 1878 en Roma y febrero de 1879 en Budapest, se inspira en los dibujos de Johann Friedrich Overbeck sobre la Vía Dolorosa, siendo considerada por el propio Liszt como una obra de gran relevancia. De hecho, y como prueba de tal importancia, el compositor realizó varias versiones de ella: para piano solo – teniendo en cuenta la expresividad sonora que requiere una obra sin texto sobre el Via Crucis – para dos pianos, para coro y piano y/o órgano, y para coro, piano y armonio. Sin embargo, su editor no apreciaba el mérito artístico de la obra y se negó a publicarla, a pesar de la ya consolidada fama de Liszt que murió en 1886 sin ver la primera interpretación de su tan querida obra que tuvo lugar el Viernes Santo de 1929, en Budapest.
Franz Liszt siempre será un compositor que despierta la imaginación. Marie d’Agoult, escritora y madre de sus tres hijos, lo describía así: «Una figura excesivamente alta y delgada, un rostro pálido con ojos verde-marino que destellaban rápidamente como olas en llamas… Una manera indecisa de andar, en la que parecía deslizarse más que pisar el suelo, un aire distraído e inquieto como el de un espectro a punto de volver a las sombras…»
Y Amy Fay, una joven estudiante de piano estadounidense de Liszt, lo describió así: «Me hacía pensar en un mago de otros tiempos más que en cualquier otra cosa, y sentí que con un toque de su varita podría transformarnos a todos…»
El proyecto Via Crucis – Liszt – Bach – Busoni.
Hace unos años tuve el honor de interpretar y grabar esta obra de Liszt con Collegium Vocale Gent, bajo la dirección del inolvidable y genial pianista y director Reinbert de Leeuw, ya desaparecido. Desde entonces, esta obra ha permanecido conmigo de alguna manera, y ahora es un honor poder interpretarla en Sevilla.
Via Crucis de Franz Liszt consta de quince movimientos que se inauguran con un himno al que siguen las 14 estaciones del Via Crucis. La obra se caracteriza por su profunda sobriedad y contención con cantos son a capella o con un acompañamiento muy sutil en el teclado. Su inspiración musical es variada, recorriendo desde el canto gregoriano en el himno de apertura hasta la liturgia luterana, incluyendo una versión de uno de los corales más conocidos de la Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach, lo que convierte a esta obra en una composición profundamente ecuménica. Precisamente el hecho de que Liszt integrase de un coral de la Pasión según San Mateo de Bach, me pareció casi una invitación para incluir otras versiones de este coral en esta Via Crucis.
La interpretación de otras dos piezas de Liszt, Crux! Hymne des Marins y Ave Verum Corpus, antes y después del Vía Crucis, enlazado con el precioso coral de Bach ‘Ich ruf ’ zu dir, Herr Jesu Christ’, en una versión para piano de Ferruccio Busoni (1866-1924) que sirve de perfecta conexión entre todas ellas, completan un bellísimo y contextualizado programa del que esperamos que disfruten.
Via Crucis – Liszt – Bach – Busoni intenta reconstruir casi de manera cinematográfica el camino de la Pasión, con la justa proporción de luz y oscuridad, guiados por el recitador de Estación en Estación.
Bart Vandewege, noviembre de 2024


