Cristina Bayón, soprano
Rocío de Frutos, soprano
Gabriel Díaz, alto
Felipe Gallegos, tenor
Andrés Miravete, tenor
Jesús García Aréjula, barítono
Javier Cuevas, bajo
ONIRIA, conjunto de música histórica
Coro de la Sociedad Musical de Sevilla
Pedro Teixeira director
Conciertos
19 de mayo de 2018 · Parroquia de San Carlos Borromeo · C/ Pedro Salinas 1 · 20:30 horas
20 de mayo de 2018 · Casino de la Exposición · Glorieta San Diego s/n · Matinal, 12:00 horas
Programa
Claudio Monteverdi (1567-1643)
Vespro della beata Vergine (Vísperas de la Santísima Virgen) SV 206 (1610)
NOTAS AL PROGRAMA
LA DESAPARICIÓN · Gabriel Díaz
La primera señal de que estás innovando es que la gente no te entiende.
—Ferrán Adriá
Hay artistas que siguen el camino trazado y otros que deciden trazar el camino. Cambiar las premisas y las reglas del fenómeno artístico es algo que está al alcance de pocos. En la mayoría de los casos, perforar la grieta de la que brotará el estilo moderno no reporta más que sinsabores e incomprensión a los creadores. La experimentación en el arte siempre genera desconcierto y en bastantes casos el espectador no es capaz de distinguir la verdadera modernidad que señala novedosos horizontes de la simple excentricidad o novelería. No hay más que leer las opiniones de ciertos críticos de la época sobre las «imperfecciones del estilo moderno de Monteverdi».
Monteverdi editó el Vespro della Beata Vergine en 1610 en Venecia. Se iniciaba la edición con la gran dedicatoria al Papa Pablo V con la que parece ser que Monteverdi quería ganarse el favor del pontífce para conseguir trabajo en Roma. Tal cosa jamás llegó a pasar. Quizás la obra era demasiado avanzada para los oídos del Vaticano, familiarizados con las sonoridades de la polifonía cartesiana de Palestrina. Monteverdi había abierto el camino de la seconda prattica, que horadaba brecha en el Renacimiento y asentaba los pilotes sobre los que edifcar el estilo barroco dejando atrás las formas de la polifonía renacentista a cappella. Pero la novedosa y avanzada prattica no encontró tan novedosos y avanzados oídos y se topó con la incomprensión. Podemos decir que el Vespro della Beata Vergine se erigió como la cima de las obras sacras de la época y que difícilmente se equiparó o sobrepasó hasta la aparición de las grandes pasiones y misas de Bach. No conocemos otra obra religiosa de la época que se le compare, pero había cierta obra que sospechamos que podía estar en parejo nivel. Se trataba del Réquiem del propio Monteverdi, obra desaparecida.
París, 1960. En el seno del Seminario Literario Experimental (Sélitex), varios escritores y creadores no convencionales deciden crear el taller en el que se propondrían cambiar la forma de escribir. Se obligan a cambiar las premisas de partida del escritor para llegar a desenlaces totalmente rompedores. La originalidad de las obras del colectivo es innegable y sin vacilar podemos decir que plantaron la semilla de gran cantidad de formas y estilos que estaban por llegar al arte literario del siglo XX y que replantearon los cimientos de todos los géneros: la novela, la poesía, la narración corta y el ensayo. Entre los integrantes podemos mencionar a F. Le Lionnais, Jean Quevaly, cómo no, el fantástico Georges Perec, padre entre otras obras de Les Reverentes y La Disparition, de la que diremos sin reparos que es la principal y más original novela del mismo, en la queel escritor relata la desaparición que da nombre al libro y que tiene que ser aclarada a lo largo de la narración. Finalmente el misterio se disipa y la desaparecida aparece. Se trata de la vocal «e», que no se emplea jamás a lo largo de las más de 200 páginas de la obra.
Sabemos por los escritos y las crónicas de G. Strozzi que el Réquiem de Monteverdi se interpretó en Venecia en 1621 para las exequias de Cósimo de Medici. La descripción que hace Strozzi de la obra, con solos, coros y partes para vientos y violines, todo con gran artifcio, nos lleva a pensar que era de dimensión parecida a las Vísperas. Pensar en tamaña obra desaparecida para siempre es algo que se nos antoja casi insoportable y nos provoca ese sentimiento de vacío que solo podemos consolar oyendo las Vísperas. Desgraciadamente la desaparición del Réquiem de Monteverdi no tiene arreglo, tenemos que aceptar que jamás lo podremos oír. La Disparition de Perec, sin embargo, sí que tiene remedio al fnal del libro, del mismo modo que lo tiene la desaparición que ha acontecido en este texto. El remedio está en Claudio Monteverdi.


