A MASS FOR PEACE

Manuel Alejandro Caballero / Frank Candela, trompetas
Carlos Cansino, percusión
Chano Robles, piano

Coro de la Sociedad Musical de Sevilla

Bart Vandewege director

Conciertos

Sábado 13 de diciembre de 2025 · 20.30 horas
Parroquia de San Carlos Borromeo
C/ Pedro Salinas 1

Domingo 14 de diciembre de 2025 · 18.00 horas
Parroquia de Omnium Sanctorum
C/ Peris Mencheta 2

Programa

JOHN TAVENER (1944-2013)
The Lamb

KARL JENKINS (1944-)
The Armed Man: A Mass for Peace
The armed man
Kyrie
Save me from bloody men
Sanctus
Hymn before action
Agnus Dei
Benedictus
Better is peace

W.J. KIRKPATRICK (1838-1921)
Arr.: David Willcocks / Bart Vandewege
Away in a manger


NOTAS AL PROGRAMA

Estimado público,

Cuando allá por la primavera comencé a planificar el concierto de Navidad de la Sociedad Musical de Sevilla, en mi mente empezó a tomar forma la posibilidad de interpretar A Mass for Peace, compuesta por Karl Jenkins, compositor contemporáneo galés procedente de los mundos del jazz y el rock que, con el tiempo, ha venido a dedicarse a la composición de obras más amplias y accesibles para coro y orquesta.

Y, de modo casi simultáneo, a medida que me adentraba en la partitura de A Mass for Peace, numerosos conflictos en el mundo nacían y se intensificaban a un ritmo alarmante, lo que me convenció definitivamente de la oportunidad de interpretar esta obra; más de cuarenta voces e instrumentos clamando por la Paz en el mundo desde el previo paso por los horrores de la guerra.

La obra se inicia en un ambiente tabernario de euforia colectiva ante la alegre y despreocupada perspectiva de la defensa de las ideas con el uso de la fuerza bruta, en una percepción casi romántica de lo que supone el conflicto armado para ensalzar los propios derechos y la consecución de los intereses desde la percepción de la Justicia que cada uno de los bandos pudiera tener.

Sin embargo, en la obra –como ocurre en el mundo que nos rodea– ese ambiente de euforia colectiva va difuminándose al confrontar con una realidad mucho más dura y cruenta. Así, el inicial L´homme armé y del bullicio de los preparativos se transmuta en una oración, en un ruego a Dios por la propia vida de cada uno de los hombres que participan en la contienda. Manifestación de esa previa introspección la constituye la conmovedora y desgarrada súplica Save Me from Bloody Men «sálvame de los hombres sanguinarios».

La continuación de la lucha interior de cada una de las almas participantes en el conflicto, y la necesidad de lo que Thomas Hobbes llamaría «el instinto de conservación de la propia especie», hace intercalar las plegarias al Altísimo –el Sanctus– con el Hymn Before Action o preparación a la batalla antes incluso de lo que sería natural en una misa ordinaria, en la que al Sanctus debería seguir el complementario Benedictus. Sin embargo, en una escalada dramática, las plegarias se mezclan con los cantos militares y toques de trompeta que bien podrían estar llamando a la batalla, a la oración, o entonando el toque de caídos. El desorden que muestra el miedo y el horror de la realidad bélica lleva al autor a anticipar el Agnus Dei –Cordero de Dios– incluso al Benedictus, haciendo aparecer a los contendientes como auténticos corderos que van a ser sacrificados en la batalla. Ello viene a enlazar con la primera de las obras que interpretaremos hoy, The Lamb, del también británico John Tavener, que presenta al Niño Jesús como el Cordero de Dios indefenso que viene a un mundo plagado de luchas para ser sacrificado.
En este punto, tengo que volver la vista atrás a mi propia realidad y compartir con ustedes un recuerdo a mi abuela Gabriella a la que, de niño, oía decir a menudo: «Haces todo lo posible para alimentar a tus hijos, educarlos, formarlos como seres humanos con conciencia, y luego los envían como carne de cañón al campo de batalla, y en un segundo destrozan aquello que tú has amado y cuidado durante años… En una guerra solo hay perdedores…»
Y es que mis abuelos sobrevivieron a dos guerras mundiales, mis padres a una, y yo pertenezco a una generación que ha tenido, hasta ahora, el enorme privilegio de no haber tenido que luchar en ninguna, y deseo que así siga siendo para el resto de mi vida y las de mis hijos.

La obra de Jenkins se configura así como una Misa en un sentido no litúrgico, sino en una suerte de necesidad de quienes viven los horrores de la guerra de mirar a lo Alto buscando una protección para ellos y los suyos que, desgraciadamente, no llega de la palabra y del entendimiento y, a la vez, matar o morir.

El final de la lucha, y de la Obra que hoy interpretamos para ustedes –y para el mundo entero– lleva, a través de la vivencia de la propia desgracia que supone estar envuelto en un conflicto, a celebrar la Paz como el precioso don que efectivamente es. Así oiremos al Coro repitiendo de forma rotunda, unánime y entusiasta –incluso recurriendo al unísono como muestra de unidad y concordia– Better is Peace than always war «Mejor es la paz que siempre la guerra» utilizando el autor la misma melodía tradicional que sirve inicialmente como toque de guerra a la celebración del fin del conflicto, modulándola a modo mayor.

Y conseguida la Paz, los contendientes volverán a dirigir su mirada al Cielo para, en un acto de casi contrición y agradecimiento, pedir al Señor que enjugue sus lágrimas para seguir viviendo, en un conmovedor Praise the Lord «Alabad al Señor».

Por supuesto, no hay Navidad que se entienda sin el canto de los tradicionales Villancicos. Pero no hay celebración de la Navidad ni canto de Villancico alguno si antes no se silencian las armas y se hace la Paz. Así, una vez recorrida la crudelísima realidad de la guerra y conseguido el fin de las hostilidades, puede sonar el Away in a Manger que nos devuelve a la ternura del Niño Jesús que, acostado en el pesebre en la más absoluta pobreza, nos invita a reflexionar sobre lo que resulta verdaderamente esencial e importante para la vida de todos y cada uno de nosotros. Nada, si no es por el Amor.

La estampa del Niño Jesús desnudo, pobre e indefenso, quiere también evocar a todos aquellos niños que, a lo largo del planeta, sufren los azotes de la guerra con todas sus consecuencias, víctimas de la hostilidad de un mundo que les niega los derechos más elementales; vivir y ser niños.

Cada uno de nosotros podemos contribuir a la Paz en medio de nuestras particulares guerras y conflictos; seamos un poco más amables con los demás y con nosotros mismos. El respeto también es posible cuando tenemos reservas o dudas sobre la forma de vivir de otros, y conseguiremos un mundo menos hostil desde la confianza en las buenas intenciones de nuestros convecinos. Porque la paz también es una declaración de intenciones; decidamos voluntariamente vivir en Paz en cada uno de nuestros ámbitos.

Y mientras… sigamos cantando a ple-no pulmón, como esta noche: Better is Peace than always war!

En nombre de la Sociedad Musical de Sevilla y en el mío propio, les deseo de todo corazón una Navidad llena de Paz, Amor y calor de hogar.

Bart Vandewege