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Los gozos de la Navidad

Coro de la Sociedad Musical de Sevilla

Cristina Bayón, Soprano
Juan Escalera Peña, Piano

Director Alfred Cañamero

Conciertos

18 de diciembre de 2006
Sala Joaquín Turina, Fundación El Monte

Programa

Felix Mendelssohn-Bartholdy (1808-1847)
Cantata coral Verleih uns Frieden, gnädiglich
Laudate Pueri Op. 39, nº 2
Hymne Hör mein Bitten, Herr, neuge dich zu mir

Benjamín Britten (1913-1976)
A Ceremony of Carols Op. 28
Procession
Wolcum Yole!
There is no Rose
That yongë child
Balulalow    VIDEO 
As dew in Aprille    VIDEO  
This little Babe    VIDEO  
In Freezing Winter Night
Spring Carol   AUDIO  
Deo Gracias
Recession


Notas al Programa

Mª Isabel Osuna Lucena
Universidad de Sevilla

El concierto de Navidad que hoy nos ofrece el Coro de la Sociedad Musical de Sevilla, se centra en dos importantes figuras: Felix Mendelssohnn-Bartholdy y Benjamín Britten. Los dos, incansables viajeros, reflejan en su obra el espíritu de una época y los dos se preocupan de dar a conocer un pasado glorioso de la música.

Felix Mendelssohnn-Bartholdy vivió entre 1809 y 1847 lle-vando una vida intensa tanto por la calidad y cantidad de su obra como por la encomiable labor de mostrar la música de otros creadores. Fue esmeradamente educado en un ambiente intelectual amplio, refinado y exquisito, destacando desde niño por su genialidad y madurez indiscutibles. Su música, el medio expresivo de su preferencia, significa un auténtico exponente de la verdadera síntesis cultural de estilo, valores y pensamiento que significó la sensibilidad europea del siglo XIX. Viajó por toda Europa y su autoridad fue requerida por numerosísimos compositores e intelectuales de todo tipo.

La Cantata Coral “Verleih uns Frieden” compuesta en febrero de 1831 en un solo movimiento, es una de las ocho cantatas corales escritas entre 1827 y 1832, con una clara influencia de J.S. Bach. De hecho está basada en un coral luterano muy utilizado a lo largo de diferentes épocas (recordemos las versiones de H. Schütz y J.S. Bach, entre otras). Fue calificada como “plegaria” por el propio Mendelssohnn y su textura representa una perfecta fusión entre el Barroco y el Romanticismo.
R. Schumann comentó en una ocasión: “esta pequeña pieza merece ser famosa en el mundo y así será en el futuro. Las “Madonnas” de Rafael y Murillo no han permanecido ocultas por mucho tiempo”. No podemos detenernos en el análisis de esta sugerente comparación estética, sólo apuntaremos el carácter de sublime intemporalidad que irradia esta obra austera y profunda.

Con una concepción mucho más compleja el “Hymne Hör mein Bitten, Herr, neuge dich zu mir” (Escucha mis súplicas…) para soprano solo y coro, nos muestra a un Mendelssohnn hondo y rico en matices, fiel a su característica plasticidad sonora.

Este “himno” presenta una estructura en tres partes con una detallada musicalización del texto: En la primera parte la soprano interpreta un interiorizado ruego “ Señor escucha mis ruegos…estoy solo…¿Quién me ayudará?…” que se exterioriza y se convierte en apremiante cuando interviene el coro aposti-llando y remarcando las frases: “los enemigos nos amenazan y alzan sus cabezas; ¿Dónde está el salvador en que creéis?…”. La segunda parte se convierte en un sombrío recitativo de la voz solista “me oprime el miedo a la muerte… los enemigos… son innumerables y yo estoy solo…” desembocando en un grito de petición de ayuda “¡Dios, escucha mis súplicas!” clamado por el tutti, que es realmente el momento cum-bre y central de la plegaria. Finalmente en la tercera parte se vuelve al sentido reflexivo e intimista, esta vez matizado y subrayado por el coro.

El tratamiento de la voz solista y el coro contrapuestos y complementarios nos hace recordar una cierta policoralidad, con lo que asistimos a un perfecto equilibrio entre la tradición barroca (concepto formal, técnica polifónica…) y la tensión melódica romántica, remodelada con el sentido clásico propio de este compositor y que tan acertadamente señala su biógrafo Eric Werner cuando escribe: “la música sacra de Mendelssohnn muestra una doble cara, hacia el pasado y hacia el fu-turo”.

Benjamín Britten (1913-1976) es sin duda el compositor inglés más famoso de la segunda mitad del siglo XX, cuya obra supo ser reflejo de su época y de la realidad de su país. Él mismo escribió: “Soy antes que nada un artista y como artista quiero servir a la comunidad y no escribir en el vacío. Como compositor considero muy valioso saber cómo los oyentes van a reaccionar frente a una creación mía.”
Su condición de niño prodigio (comenzó a componer a los ocho años) no desvió su interés por el estudio sistemático y profundo de la música, lo que le ha llevado a convertirse en uno de los maestros indiscutibles del dominio sonoro tanto vocal como instrumental de todos los tiempos. Ha sido justamente valorado y aclamado en vida como compositor, pianista y director, si bien, en determinadas ocasiones, sus actitudes ante la complicada etapa político-social que le tocó vivir y su propia situación personal, le condujeron a numerosas apreciaciones hostiles que sólo con su genio, y su incansable dedica-ción en todos los ámbitos musicales (incluida la música de cine), supo soslayar.

Desde sus primeras obras, atrajo la atención del público por su combinación de cualidades líricas, ritmo flexible y estilo armónico, lo suficientemente modernos como para ser interesantes sin resultar desconcertantes (D.B. Boyden). De todas sus cualidades destaca sin duda su especial interés por la voz, fundamental para toda su música, y sus dotes dramáticas y líricas genuinas.

Benjamín Britten compuso esta breve obra maestra “A Ceremony of Carols” en 1942 durante la peligrosa travesía nort-atlántica en su viaje de regreso a Inglaterra desde estados Unidos, hasta donde se había marchado en 1939 tras negarse a realizar el servicio militar y eludir su participación en la 2ª Guerra Mundial, aduciendo su profunda convicción pacifista (que mantuvo durante toda su vida).

Su carrera en América había adquirido una enorme proyección y a su vuelta, su prestigio y su fama adquirieron cotas insospechables, avalados por su ingente producción y su incansable vitalidad.

En una escala de este viaje en Halifax (Nova Scotia, Canada) Britten compró una copia de “The English Galaxy of Shorter Poems”, una antología de poemas cortos ingleses, que le inspiró la realización de una obra articulada en una serie de can-ciones, de hecho seis de los números de “A Ceremony” recogen poemas de esta antología. Después de varias modificaciones, tanto en la elección de los textos como en el desarrollo musical (algunos bocetos iniciales sugieren su preferencia por voces femeninas y en los números 4 y 7 Britten apuntó la posibilidad de utilizar el piano en lugar del arpa “si era necesario”), finalmente la obra fue publicada para voces de niños y arpa. La elección del arpa fue posiblemente fortuita debido a un encargo de realizar un concierto para arpa y llevar consigo en el viaje unos manuales de composición para este instrumento. Se estrenó el 4 de diciembre de 1943 y posteriormente fue grabada por primera vez por Decca. Su enorme popularidad llevó a los editores Boosey & Hawkes a encargar al compositor Julius Harrison un arreglo para SATB y arpa (piano), que es la versión interpretada en esta ocasión.

Desde nuestra perspectiva histórica, podríamos considerarla como un antecedente de algunas de sus obras dramáticas con temáticas bíblicas y morales que abordó en su etapa de madurez.

La Ceremonia ilustra diversos motivos de la Navidad, sobre textos de poetas medievales y del siglo XVI, impregnada del encanto evocador de la música de Britten, que supo combinar magistralmente el pensamiento del siglo XX con elementos tradicionales.

Benjamín Britten creó una sonoridad sin precedentes para su época y tuvo una gran aceptación inmediata.

La obra comprende ocho canciones en inglés antiguo, con algunas citas en latín, con un canto procesional de entrada “Procesión”, que se repite a la salida “Recession”, lógicamente con texto en latín, al ser una traslación del canto gregoriano de la Antífona (modo I) “Hodie Christus natus est” de las Vísperas del día de Navidad y un interludio instrumental en el centro.

Aunque él compuso relativamente poca música para el uso ritual eclesiástico, si escribió un cierto número de piezas previstas para ser interpretadas en Iglesias por lo que es importante destacar el ambiente acústico en una realización ideal de la ceremonia de Britten.

La textura es en su mayoría homofónica con indiscutibles alusiones a la danza. Pero, como se ha apuntado más arriba, se trata de una ilustración, por lo que observaremos pinceladas descriptivas: el contrapunto que reconstruye el efecto de la gota de agua del rocío en “As dew in Aprille” (nº 5) (Como el rocío en Abril); la descripción de la guerra virtual entre el pequeño recién nacido y Satán en “This little Babe” (nº 6) (Este pequeño Bebé), sobre un acompañamiento austero y repetitivo se sustenta la melodía inicialmente al unísono que va descomponiéndose en un canon primero a dos partes, luego a tres y a cuatro, abriéndose un espacio como imagen poética del conflicto apocalíptico, que algunos apuntan como posible referencia al mundo contemporáneo de Britten; otro ejemplo lo vemos en “In Freezing Winter Night” (nº 8) (En una noche helada de Invierno) en el que significativos contrastes refuerzan el frío y el milagro de la presencia del Niño, que convierte un establo en una auténtica “corte de un príncipe”. Por último apuntaremos el matiz del reflejo del sol de primavera en el duetto del “Spring Carol” (nº 9) (Canción de Primavera).

Así pues, mediante efectos sutiles y sugerentes, estos cantos que nos celebran el Nacimiento de Jesús de forma amable, contemplativa y jubilosa, nos introducen en una atmósfera nueva y conocida a la vez, perfecta síntesis de gran parte de la historia musical inglesa.

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