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El Piano y la Voz

Coro de la Sociedad Musical de Sevilla

Juan Escalera Peña, Piano

Director Alfred Cañamero

Conciertos

24 y 25 de Marzo de 2007
Sala Joaquín Turina, Fundación El Monte

Programa

Franz Joseph Haydn (1732-1809)
Die Beredsamkeit Hob. XXVb:4

Felix Mendelssohn-Bartholdy (1808-1847)
Cantata coral Verleih uns Frieden, gnädiglich
Laudate Pueri Op. 39, nº 2

Franz Schubert (1797-1828)
Gott im Ungewitter Op. Post. 112, 1-D 985    VIDEO  
Gott der Weltschöpfer Op. Post. 112, 2-D 986
Hymne an den Unendlichen Op. Post. 112, 3-D 232
Schicksalslenker, blicke nieder Op. Post. 146, D 763

Franz Joseph Haydn (1732-1809)
Warnung Hob. XXVc:4

Alexander Scriabin (1872-1915)
Estudio op 2 nº1a para piano solo

Gabriel Fauré (1845-1924)
Cantique de Jean Racine Op. 11

Pau Casals (1876-1973)
Nigra Sum

Béla Bartók (1881-1945)
Cuatro canciones populares eslovacas BB 78
Canción nupcial de Poniky
Canción de los segadores de heno de Hiadel
Danza de Medzibrod
Danza de Poniky

Robert Schumann (1810-1856)
Zigeunerleben Op. 29 nº 3    AUDIO  


Notas al Programa

Mª Isabel Osuna Lucena
Universidad de Sevilla

El coro de la Sociedad Musical de Sevilla nos propone hoy un interesante concierto centrado en uno de los aspectos esenciales de la estética musical romántica: la confluencia de las artes en la búsqueda de la expresión del individuo y su trascendencia intemporal.

Como señala Enrico Fubini la concepción romántica de la música, la aspiración a la unión y a la convergencia de todas las artes a través de aquella, tuvo su punto de partida por un lado en la transformación del pensamiento iluminista de muchos filósofos de finales del siglo XVIII y principios del XIX sobre el hedonismo intrínseco de la música, cuya función era sobre todo, recreativa y utilitaria. Y por otro, en el gran desarrollo que, paralelamente, alcanzó el concepto sobre el origen común de la poesía y la música. El nuevo interés que mostraron los románticos por la expresión de los hombres primitivos, por el canto popular y por la poesía ligada a los sentimientos nacionales de un pueblo, determinó la evolución del simple espectáculo, no exento de sentimientos y emociones, hacia la celebración mítica del romanticismo, provista de elementos religiosos y místicos.

Bajo este prisma hemos de acercarnos al programa que hoy nos presentan, entendiendo que este pensamiento romántico que comentamos trasciende tiempos y fronteras y tiene precursores (F.J. Haydn), puntos culminantes (Schubert o Schumann) y propuestas evolutivas (Scriabin o Bela Bartók).
El eje central es la búsqueda de la perfecta unión entre la pa-labra y el instrumento emblemático del romanticismo: el piano. El coro funciona como una voz y el piano se convierte en un elemento más del coro. Se anticipa, se imbrica, subraya o define. El compositor no se limita a sustituir la melodía del verso declamado por una melodía cantada y acompañada. Se trata de “re-crear” la situación de raíz, de exponer los estados del alma y las ideas de los textos no “con música”, sino “en música”. No se trata de describir. Es lo que en definitiva expresa Madame de Staël cuando escribe: “la música debe pintar los movimientos del espíritu”.

Recordemos algunos apuntes sobre los compositores en orden cronológico.

JOSEPH HAYDN (Rohrau, en la Baja Austria, 1732 – Viena, 1809). Fue el músico que abrió la puerta de la época clásica, con talento y pura genialidad y con la suerte de acompañar una nueva etapa del arte desde sus inicios hasta su completo florecimiento. Lo absorbió todo en su marcha, sin dejar de mantenerse siempre fiel a sí mismo. En cuanto asimilaba algo nuevo, se erigía en jefe del movimiento. Se inició con canciones populares y escaló hasta la cima de la expresión artística. Con él, la música se despoja de la frivolidad palaciega y se convierte en expresión veladamente personal del paisano austriaco, del amor a la vida, al paisaje multicolor, en un crisol de gracia, alegría, humor o tristeza.

FRANZ SCHUBERT (Viena, 1797-1828) Se cuenta la anécdota de que Beethoven en su lecho de muerte exclamó al leer algunas páginas de Schubert: “lo alumbra la chispa divina”. P. H. Lang añade “es el último de aquellos músicos divinos en cuyas manos hasta las piedras se convertían en armonía”. Tuvo una vida sencilla y breve, bohemio feliz vivió en una continua improvisación. Su inspiración tuvo sus raíces en Beethoven y compartió con él la ambigüedad estética de los artistas que cierran y abren un ciclo. No fue suficientemente valorado por sus contemporáneos, fue apreciado, pero sin embargo sus mejores páginas fueron ignoradas o mal comprendidas. Se asomó a todos los campos de la música pero fue sin duda el gran maestro del lied, en el que, con su maestría, poesía y música se funden para alcanzar una nueva dimensión: un lirismo sin precedentes. Impregnados de juventud eterna, el piano y la voz (en este caso, el coro), juntos, alcanzan una de las cimas más indiscutibles de la creatividad en todas sus facetas. Nunca se ha llegado tan lejos en la expresión de un sentimiento poético.

FELIX MENDELSSOHN (1808-1847) Hijo de una época y concretamente una familia, que valoraba la cultura intelectual como parte integrante del oficio de compositor. Llevó una vida intensa tanto por la calidad y cantidad de su obra como por la encomiable labor de mostrar la música de los otros. Viajó por toda Europa y su autoridad fue requerida por numerosísimos compositores e intelectuales de todo tipo.
Se muestra conciliador y equidistante tanto de la estética de la forma (clasicismo) como de la estética del sentimiento (romanticismo). Su música contiene esa cualidad intangible que llamamos poesía, siempre joven, inmersa en un universo que es la fiel expresión de la vida interior de su autor. Felix Mendelssohn-Bartholdy nos muestra una música coral hábil, elegante, profunda y rica en matices. Plenitud sonora, cercana a la plasticidad, fruto de una sincera convicción religiosa, sin caer en el arrebato místico.

ROBERT SCHUMANN (1810-1856). Gran admirador de Mendelssohnn representa el prototipo del joven romántico inteligente, culto y sentimental, para quien la vida era fervor y ensueño. Su propia naturaleza le llevó a desenvolverse de forma tumultuosa y atormentada, con una existencia plagada de críticos episodios debido a sus trastornos mentales, con el consiguiente desenlace fatal.
Su gran obsesión fue realizar el sueño de todo romántico: conciliar las tradiciones beethovenianas con los dogmas románticos. Cultivó todos los géneros musicales excepto la ópera. Maestro indiscutible del lied, sin duda fue el más literario de los músicos aportando un tratamiento rico y original al acompañamiento pianístico sin pretender ser descriptivo. El piano desempeña un papel tan importante como la voz e ilumina el sentimiento poético.

GABRIEL FAURÉ (1845-1924), compositor de una obra noble y serena, su genio, perfectamente original, debe poco a su maestro y amigo Camille Saint-Saëns, a quien admiraba profundamente. Fue un innovador, generalmente eclipsado por la personalidad de Debussy. Creó una escritura pianística minuciosamente inconformista de la que sería tributaria la generación siguiente, con un tipo de melodía francesa inseparable de la cultura nacional. Siempre fue muy sensible a las investigaciones de los músicos jóvenes y sus discípulos guardarían recuerdo de su bondad, de su intuición y de su espíritu abierto.

ALEXANDER SCRIABIN (Moscú 1872-1915). Gran pianista desde su juventud (a pesar del pequeño tamaño de sus manos) y gran compositor, original en su planteamiento y en su forma. Se ha escrito sobre él que fue “el gran pionero de la nueva música del renacimiento de la civilización occidental, el padre de la música del futuro”. Ciertamente muchas de sus iniciativas aparecen después como anticipaciones de la música nueva: espíritu de síntesis, sustitución de la temática tradicional por series de “bloques sonoros” etc… El descubrimiento de Debussy fue un elemento decisivo en su evolución. Tiene una importante y poco conocida obra pianística.

PAU CASALS (1876-1973) Tarraconense, su carrera interpretativa es una de las mayores de su tiempo en todo el mundo y fundamental en la historia del violoncello. Su actividad organizativa es importante por los grupos de cámara que animó y la fundación de la orquesta “Pau Casals” en 1919, muy importante en la actividad sinfónica barcelonesa hasta la Guerra Civil. Fuera de España, fundó los festivales de Prades y Puerto Rico. Como compositor, se mantiene en un romanticismo convencional con alguna pincelada nacionalista. Como obras representativas, podemos citar su versión del tema popular “El cant dels ocells”, que se ha convertido en un emblema musical, y en la composición de un “Himno a las Naciones Unidas”.

BELA BARTÓK (Nagyszentmiklós, Hungría -actualmente Sânnicolau Mare, Rumania-, 1881 – Nueva York, 1945). Nació en una encrucijada de culturas (magiar, eslovaca, rumana). Fue compositor, pianista e investigador de música folclórica de Europa del Este. Bartók, junto con su amigo Zoltán Kódály, fue uno de los fundadores del campo de la etnomusicología, el estudio de la música folclórica y la música de culturas no occidentales. Representa un caso muy sorprendente de compositor que desarrolla un estilo muy personal a partir de uno profundamente nacional, sin olvidarnos de lo difícil que es definir lo “nacional” en la música. Es esencialmente un melodista, pero debido a sus raíces, impregnadas de las escalas folklóricas magiares, las notas de sus melodías tienen unas funciones tonales muy diferentes de las que el oyente intenta inconscientemente asignarles. Su nacionalismo no es superficial y su armonía se convierte en un asunto de color percusivo, especialmente en su escritura con piano, fruto de un proceso natural.

Su genio no le fue reconocido en vida, a pesar de algunos períodos de éxito, ya que su originalidad fue demasiado profunda para que él pudiera integrarse en los movimientos musicales contemporáneos, aunque se mantuviera al corriente de las nuevas producciones.

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